01 Jul
01Jul


Mi prima Carmen era sobre todo una buena persona.

Dado nuestro lío familiar, ella tenía la edad de mi padre, así que se criaron como hermanos.

Era la hija de mi tía Pilar, la mayor de mis abuelos Jaime y Gregoria, casados en el Año del Señor de 1900 en la parroquia de San Felipe de Zaragoza.

Como Pilar era la mayor (nació ese mismo 1900) y mi padre, Fernando el pequeño (nacido en 1924), por eso digo que se criaron como hermanos.

A su vez, los hijos mi prima Carmen y nuestro querido José Luis, fueron para mis hermanos y para mí, más que sobrinos primos, pues compartíamos edad, casi vecindario e incluso un tiempo colegio.

Si queréis entender mejor este batiburrillo de familia, os recomiendo leer el post que escribí en el blog de mi hermano

http://www.holasoyramon.com/blog/?p=59261

Pero hablemos de Carmen


Ahí está esa mujer preciosa caminando con soltura del brazo de su compañero de vida, mi primo José Luis, y sí, primo por derecho propio. 

José Luis Beisty siempre aportó a nuestra familia una sonrisa, un toque somarda a las conversaciones, una risa franca, y por qué no, un saber estar.

Esta foto me gusta mucho. Es la tía Pilar con Carmen y sus primeros dos nietos, Pepe y Falín. Llegaron muy seguidos, así que eran casi mellizos.


Carmen vivió la tristeza de sentir la marcha de su hijo Pepe. Estas cosas siempre están mal. Ningún padre, ninguna madre debería vivir tal dolor.

Ese papi orgulloso con sus dos chavalotes. 

Luego vinieron Juan Carlos, Marta y Javi. 

Así, en total, mis 5 Beisty

No soy quién, para hacer un recorrido por la vida de mi prima, solo es un modo de decir que, aunque no lo pareciese demasiado te quería mucho. 

Muchísimos recuerdos de mi infancia están ligados a vosotros. 

Las visitas sin avisar, claro, no había manera. 

Los ratos en el Parque Sindical. 

Alguna Navidad compartida, y, sobre todo, el cariño, ese cariño que nos ha mantenido unidos durante décadas. 

Recuerdo con especial cariño las visitas que te hacíamos con mi hermana, Isabel y Ana Cris, cuándo ya casi no tenías ganas de salir de casa, pero siempre nos recibías con una eterna sonrisa.

 Y charlábamos de tu infancia, del niño Justo que se crío contigo y de los avatares de esta loca familia.

Hey¡ y como te gustaban los bombones. 

Me alegro muchísimo de haber hecho esas visitas, aunque siempre fueron pocas.

Carmen, aunque soy muy agnóstica, deseo con todo mi corazón que ahora te hayas reencontrado con toda la gente buena que te ha querido y que estés en Paz. 

Y deseo, que, si algún Ángel puede dibujar una nube en el cielo, ese dibujo sea tuyo  y que nosotros seamos capaces de reconocerlo. 

Te quiero mucho

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